miércoles, 4 de enero de 2012

Putumayo, historia - ocupación y explotación económica

La rica historia del Putumayo, extraída del Plan de Desarrollo Estratégico Concertado 2004 - 2011

Sobre la ocupación y explotación económica del territorio

El modelo de explotación económica que impusieron los conquistadores europeos a partir del siglo XVI trajo como consecuencia la destrucción de los modos  ancestrales de convivencia con el medio.
El modelo de producción  del  conquistador tuvo cuatro principales consecuencias:
1.    La pérdida de la libertad de los nativos que  fueron víctimas de los cazadores de esclavos españoles y portugueses que arbitrariamente los desarraigaban de sus comunidades y territorios ancestrales;
2.    La pérdida de la salud y de la vida, no sólo por la sobreexplotación, sino por las enfermedades, desconocidas para los nativos,  que habían traído los conquistadores;
3.    La perdida de la identidad, de la cultura y del modo de vida propios, y;
4.    La destrucción de los recursos naturales, por la depredación selectiva realizada en función de los intereses dominantes.
Por desgracia, ese nefasto modelo  de explotación económica y social impuesto durante la época colonial, sustancialmente no varió  cuando el territorio pasó a ser parte de las Repúblicas de Perú y Colombia.

Los actuales pobladores del Putumayo, peruanos y colombianos, mestizos y nativos, en su inmensa mayoría desconocemos que estas tierras, que hoy están virtualmente deshabitadas, albergaron inmensas poblaciones. Así, el colombiano Pablo Camacho mostró que en un censo practicado en 1849 en el territorio de los tramos altos de los ríos Putumayo y Caquetá, la población alcanzaba a 242 “racionales”, 16,549 indios “civilizados”, y a un incontable numero de “irracionales” que vivían en el bosque. Y también señala que a principios del siglo XX existían más de 100,000 nativos, de los que, a la fecha de su estudio (1987), sólo quedaban 9,000”. [1]
El etnocidio practicado por la Casa Elías Reyes y Hermanos, explotadora de la quina; y por los caucheros de las casas Larrañaga, Ramírez y Cia.; y Calderón Hermanos, fue devastador. Incluso, tomando las distancias del caso, no se compara con lo que como  escándalo se  enrostró a la Casa Arana, que más fue una cortina de humo para esconder las ambiciones territoriales.
El modo de explotación que imperó en la Amazonía –y que aún pervive–, se expresa mediante el denominado “endeude”.  Este  sistema se expresa del modo siguiente: Por lo general una familia se encarga de extraer la materia prima o el recurso natural que es entregado a un patrón que, “endeudándola”, le había adelantado alimentos, medicinas, herramientas y otros artefactos que el patrón a su vez adquiría en una casa mayor a la cual a su turno entregaba el producto extraído. Estas casas mayores –que nunca fueron muchas–, se encargaban de vender la materia prima extraída  exclusivamente en el mercado exterior.

Suplementariamente los grupos dominantes de las nacientes repúblicas contribuyeron al genocidio y a la degradación de las comunidades nativas. Debe a este respecto recordar que el gobierno colombiano en 1920 creó en Caucayá el Centro Penal del Putumayo. Y que en el decenio de 1930 se creó la Colonia Penal de Araracuara. Los reos de estos establecimientos, sea que fueran indultados o redimidos, o que cumplieran condena, eran obligados a actuar como colonizadores con  apoyo estatal, se apoderaron de las mejores tierras y de los nativos que había en ellas para hacerlos trabajar en míseras condiciones.
Así se consolidó “la patología social y económica de la sociedad nacional en el corazón del territorio witoto, afectando, aún más, la moral y la organización indígenas, lumpenproletarizando y diezmando a las poblaciones” –sostiene Elizabeth Reichel Dussan–.


[1]            De ellos –afirma el autor citado–, 5,000 pertenecen a las etnias witoto, 380 son okaina y 380 nonuya (de la familia witoto); 1,640 son bora y 300 miraña (de la familia lingüística bora); hay además 250 andoke, de la familia lingüística andoke; y 500 munane. Existe de otra parte representación del grupo inga (200 indígenas), de la familia lingüística quechua.”

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